LA FELICIDAD DE LAS MÁQUINAS




   Todo es mentira. Soy mentira yo mismo, que me yergo a caballo en un naipe de broma (…)
                                                                                                                V. ALEIXANDRE


Declararse límite y esperar que el aire no sea duro.

Preguntarse
cuánto de luz hay en nuestra imagen si me asomo al azul y sus picos, si la delicia es la tierra seca y su nombre escrito.

Hay gestos que acercan a mi boca la crin de los caballos, que son peces o el recuerdo indefinido de una estela blanca. Que a veces significan la belleza del pan, de las señales de tráfico, lo adecuado de enseñar a los niños el proceso que resuelve una raíz cuadrada. Pero.

Sé que hablo sólo para mí
por eso digo
que vamos a quedarnos solos,
dueños, sin embargo, de la perfección quieta de los mapas.


AUTODESTRUCCIÓN BREVE (II)




Insistir en la forma
y en el fondo
a la espera de que alguien
algún día
en algún momento
me pregunte si esto
era todo.

CAFÉ CON ANNE (CAUSAS Y EFECTOS)



Para ti, por la ligereza.


Habitar ciudades donde es de noche algunas veces y los pájaros no se mueren.

El maíz que germina en la boca y le quita la negrura.

Los pasos sobre el pavimento sintiendo la tierra que te atraviesa y te llama.

Una luz muy pequeña entre los árboles, aunque no haya llovido en toda la noche.

Descubrir claridad bajo la puerta y pensar en una calle de Brooklyn donde nunca has estado.

Hambre.

Todos los sinónimos de azul que aparecen en Moby Dick.

Una fotografía preciosa, en la que se ve el mar, pero que contiene muchísimos errores.

Definir algo por lo que no es: decir campana en lugar de corazón.

También
un cansancio circular en el que hay animales conocidos muy quietos
y hombres que jamás necesitaron huir.

DETALLAR LA NADA



“Hora va a ser de no buscarte y
entonces qué pasa con tu señal horaria marcada en las tormentas” (…)
ENRIQUE FALCÓN.


Ahora
la televisión a gritos.
Las bolsas de plástico girando con el viento.
La jauría.
Las última página del periódico explicando
las cosas más antiguas.

Ahora los columpios
y los libros de historia.

Sé que dirás
que si una ley de mecánica celeste;
que si la estupidez suprema de la trigonometría.

Pero ahora
los latidos cada vez más extranjeros.
Un zapato en el cajón de las cucharas.
Los post it amarillos.

El cúbito y el radio muertecitos de frío.

Todo eso que no importa casi nunca.

Y no lo ves

LA LÓGICA DE LAS PALABRAS



Ella habla y yo escucho.

Ella habla y yo escucho porque en su voz hay surcos y sudor y cuenta su edad como se hace con los árboles y en ocasiones se sitúa en un lugar sin fronteras y tañe todas las campanas y así comunica al mundo sus incendios y entonces el miedo es un puma al que se le notan las costillas y uno se da cuenta de que aún es martes y apenas hace viento y teme hasta el extremo que cerrar los ojos no borre el horizonte.

Ella pronuncia despacio los pronombres y llena los vasos con agua de colores. Coloca los cuadros exageradamente rectos y sabe lo que significa mirar a las piedras y no esperar nada de ellas. Conoce con certeza las letras que tiene la palabra ocurrir y a veces –solamente- alimenta a las polillas con sus propias manos.

Ella nunca ha dicho: “si alguna vez desvelaras tus brotes, yo seria la caja que te contiene”.

Yo callo
y otorgo.

OCHKAM ESCUPE AL CIELO


La primavera ha sido primordial
y es de noche otra vez
a ojos de los caballos y de los insectos.

Yo espero que comprendas la ternura ocasional de las bestias,
la forma en que calman su sed en los arroyos,
y te explico despacio que la carne es materia
y en los dedos
el sexo es un racimo de uvas verdes,
pero -siempre pero-
te dejo la opción única
de ignorar mi cuerpo en el momento exacto en que es violín.

Puedes suponerme,
mientras yo imagino como crecen las palmeras al sur de Europa.

NOTA AL MARGEN


“Allí estaban los dos, tristes y abatidos, como náufragos arrojados por el temporal a una costa desolada. Raskolnikof miraba a Sonia y comprendía lo mucho que lo amaba. Pero -cosa extraña- esta gran ternura produjo de pronto al joven una impresión penosa y amarga. Una sensación extraña y horrible. Había ido a aquella casa diciéndose que Sonia era su único refugio y su única esperanza. Había ido con el propósito de depositar en ella una parte de su terrible carga, y ahora que Sonia le había entregado su corazón se sentía infinitamente más desgraciado que antes.”

Fiódor Dostoyevski “Crimen y castigo”

 
 
No comprendo esto que ocurre,
este círculo perfecto,
 
pero se quien es
ese muerto bellísimo que habita los muebles y los días,
conozco su gesto y sus razones.

 Estoy aquí.

La certeza de que existo
son estas manos que nunca edificaran tu casa.