
Tócame con la oscura rectitud de la noche furiosa,
atenazando mis fronteras con el escarpado dolor
de tu espuma diferente.
Tócame en esta materia extensa y grave,
sin el indeciso temor recogido en otros pulsos:
como se establece un deseo en el cauce de unos brazos que son propios.
En este fragmento, que sobrevive, poblado
de desórdenes blandísimos.
Estrecho ámbito criminal y desnudo.
Tu tacto para la unidad ensimismada
de mi cuerpo confuso,
para el cielo oculto de este sueño que acelera
la tempestad y la sangre,
para mi madera crecida y resuelta en el
espacio virgen que poseo.
En tí siembro unas manos con raices y
una frente que no agita su sentido.
Todo se propagará en la luz ferrea de
que estamos hechos,
habitando el territorio dormido del tiempo,
sin llanto y sin asombro.