Tenerte sería morder la humedad
del invierno.
Saltar los bancos de la calle con pies fabulosos.
Bañarme en la luz de las farolas.

Tenerte entre los números del calendario
y domar las estaciones.
Habitar la lluvia. Empaparme en su ruido.

Si estuvieras mi corazón sería
una muchedumbre rabiosa
que pide su pan.

Pero no estás y hago poemas.

REQUIEM


Aquí no yace por azar ese llanto
dejado a la tierra.
Esa estatua con los labios doblados hacia dentro.
El dolor con ojos de animal.

Este sitio es el espacio que ocupa
la propia tierra, que nos devuelve la sombra
hecha carne
y da lugar a la hermosura antigua,
como una mano que ofrece su cáliz ciegamente.
Tengo en los ojos mucho, y he caminado
fundiéndome en lo que nombro, con
el amor del mar que no explica en lenguajes.

SERIA BONITO


Sería bonito tenerte también ahora.
Adivinando tu lenguaje y creyendo en el matemático
sonido de tus muslos.

Sería bonito poder hacerlo ahora.

Y romper esta hoja serenamente,
justificadamente.

Sería bonito perseverar sin rabia,
habitar la noche tuya, sin el hilo que se pierde,
cuadrando mis manos a tu forma,
y no sentir en cada crepúsculo el error absurdo de amarte.

TU TACTO



Tócame con la oscura rectitud de la noche furiosa,
atenazando mis fronteras con el escarpado dolor
de tu espuma diferente.
Tócame en esta materia extensa y grave,
sin el indeciso temor recogido en otros pulsos:
como se establece un deseo en el cauce de unos brazos que son propios.
En este fragmento, que sobrevive, poblado
de desórdenes blandísimos.
Estrecho ámbito criminal y desnudo.

Tu tacto para la unidad ensimismada
de mi cuerpo confuso,
para el cielo oculto de este sueño que acelera
la tempestad y la sangre,
para mi madera crecida y resuelta en el
espacio virgen que poseo.

En tí siembro unas manos con raices y
una frente que no agita su sentido.

Todo se propagará en la luz ferrea de
que estamos hechos,
habitando el territorio dormido del tiempo,
sin llanto y sin asombro.

DECEPCION



En el atardecer inmisericordioso
han llamado a golpes a la puerta.

Toc.

(Pienso en la lucha extensa
y animal que me cubre como un sudor
plastificado, en el temor antiquísimo
del que no obedece gobierno)

Toc.

(Pienso mi cuerpo con la forma
precisa de la carne).

Recojo mis manos. No me hallo.
Salí en tu busca por las calles piadosas
del pretérito.

LA INCOGNITA




La incógnita escondida
como inhumano ritual,
que me sitúa entre miles de cósmicas heridas,
inconmensurables, bárbaras, ocultas.

La incógnita que me sujeta
a la fuerza de mis brazos,
simultanea y necesaria,
que late despojándome del tiempo.

La incógnita que se me ha cosido a la piel
y se injerta sin transcurso, para asomar
ciertamente cuando quiere.

Eso es lo que tengo.

TU HERIDA


Hallo en tí toda posibilidad
de herir:
Ver paisajes de trigo encendido
en cada mirada,
el dolor de la lluvia, proponiendo
el misterio de, tal vez, el amor en tu cabeza.
Saber que si cojo tu brazo
notaré el latido de un dios perderse en el cauce de tu sangre.